sprachen

Leitbild – Spanisch

Visión y Misión de la Sociedad Misionera de Belén 2013

Prólogo

„Dios nos ha amado primero“ (1Jn 4,19). El nos propicia nuestro futuro. Su llamado nos urge a ser signos e instrumentos de su Reino que se inició en Jesuccristo. Esta fe nos anima. Fieles al carisma misionero y a la tradición de la Sociedad Misionera de Belén, estamos atentos a los signos de los tiempos y colaboramos en la transformación del mundo.

¿Quienes somos?

Llamados por el ejemplo y la palabra de Jesús nos unimos, hermanos y sacerdotes, en la Sociedad Misionera de Belén para prestar el servicio misionero.

En Jesucristo reconocemos el amor del Dios Trino que sana y libera.

Creemos en Dios, creador de la vida, y confiamos en su amor paterno y materno.

Nos dejamos guiar por Jesús, el resucitado, salvador y liberador que se puso del lado de los pobres y enfermos, de los excluidos y pecadores.

Ponemos nuestra confianza en la fuerza del Espíritu Santo que nos anima a seguir el ejemplo de Jesús y a dar razón, de palabra y obra, de la alegría de experimentar a Dios como fuente de vida.

Motivados por este amor nos unimos con los pobres en Asia, Africa, América Latina y Europa y con aquellas personas que se ponen del lado de ellos (Lc 6,20, Mt 5,3-12).

La estructura y la organización de nuestra sociedad se fundamentan en el llamado misionero hacia la liberación integral y la vida abundante en Dios.

Nos orientamos por el modelo bíblico de la comunidad de los discípulos de Jesús, es decir, en el seguimiento a Jesús cooperando como hermanos.

¿Qué queremos?

Queremos colaborar para el crecimiento del Reino de Dios anunciado y vivido por Jesucristo y que produce en la humanidad justicia, paz y alegría (Rom 14,17).

Nuestro compromiso lo realizamos con las siguientes opciones fundamentales y tareas:

Tres opciones fundamentales

Anunciamos y celebramos al Dios de la vida que se ha manifestado en la vida, la muerte y la resurrección de Jesús, acompañamos a personas que se sienten llamadas por su persona y su ética. A través de los signos sacramentales de la Iglesia celebramos la presencia de Jesus en el mundo.

Estamos sostenidos por Dios y retados por él ante los idolos seductores de la riqueza, del poder y del mercado que causan miseria y dolor (Jes 46,1-8). Por eso nos ponemos al servicio de los marginados y excluidos en Asia, Africa, América y Europa, uniéndonos a las iglesias y organizaciones locales. Queremos ser solidarios compartiendo con la gente vida y trabajo, alegrías y dolores, sufrimientos y esperanzas, procurando su empoderamiento. Junto con ellos luchamos por sus derechos y nos dejamos enriquecer por su fortaleza de vida y firme esperanza.

Promovemos el intercambio y la cooperación entre personas de diversos continentes, culturas y religiones. Reconocemos en otros su ser diferente y nos aliamos con ellos en amistad, solidaridad y en acciones liberadoras. Así fortalecemos la conciencia de que la misión es tarea de todos los cristianos y que se debe realizar en todas las direcciones.

Tareas

Apoyamos a iglesias locales autónomas, misioneras y organizaciones cooperantes, colaborando en la promoción y formación de líderes locales y de pequeñas comunidades cristianas.

Buscamos y convocamos a hombres y mujeres con vocación misionera para que colaboren en nuestra obra.

En la sociedad, la iglesia y en nuestra obra promovemos la igualdad de derechos de mujeres, hombres, laicos y clérigos sin desconocer la autoridad y las responsabilidades particulares.

Las condiciones de vida de los excluidos y la explotación de la naturaleza nos interpelan a revisar contínuamente nuestro propio estilo de vida. Queremos resistir juntos a aquellos poderes que sacrifican a los seres humanos y a la naturaleza para sus fines materialistas e ideológicos.

En nuestras áreas de formación priorizamos la comprensión de la Iglesia Universal como una comunidad solidaria y de aprendizaje.

Apoyamos el diálogo interreligioso e intercultural participando activamente en él. Promovemos “Comunidades Humanas de Base” (Basic Human Communities) en el espíritu de Jesús relizando anhelos comunes y compartiendo experiencias espirituales.

Valoramos la investigación científica que está al servicio de una reflexión cuidadosa de nuestra acción misionera.

¿Bajo que Espíritu actuamos?

La Espiritualidad de Belén

Nutrimos nuestra espiritualidad de las fuentes de la Palabra de Dios, de la liturgia, de la tradición y de nuestras experiencias de fe. El nombre “Belén” se refiere a aquella espiritualidad que se inspira en la encarnación de Jesús (Fil 2,6-11) y que se concretiza para nosotros en las siguientes actitudes fundamentales:

Espíritu de infancia

El niño que tiene gran confianza en sus padres es ejemplo de la infinita confianza de Jesus en su Padre expresada con la palabra Abba. Conservar esta actitud nos ayuda a sostenernos aún en momentos dificiles y en fracasos.

Espíritu de sencillez

La orientación hacia la Buena Nueva nos libera de la preocupación y de la angustia por nosotros mismos. Nos hace libres para servir a los demás. Así nos acercamos al amor que viene de Dios y que constituye el nucleo del evangelio. Se manifiesta en autenticidad, transparencia, sobriedad y rectitud, sin falsedad ni ambivalencia.

Espíritu de desprendimiento

Renunciando a comodidades adquiridas nos abrimos a personas de otras culturas, religiones y condiciones económicos. Nos dejamos guiar por el espíritu de Dios que habla a través de ellos. Queremos ser modestos en el uso de los medios materiales. Ponemos un cuidado especial en no crear dependencias y en no reclamar poderes.

Espíritu de presencia misionera

El testimonio de fe más importante es nuestra propia vida, porque lo que somos habla más que lo que decimos. Aún en situaciones adversas tratamos de mantener nuestra presencia perseverando al lado de los pobres y desposeídos.

Espíritu de hermandad

Nuestro testimonio se manifiesta sobre todo en la manera de tratarnos mutuamente. Los encuentros fraternos y amistosos nos brindan acogida y estímulos. Tratamos de crear un clima de perdón y de confianza que ayude a sobrellevar las debilidades personales y a ser fructíferos en nuestro actuar. Estamos en el camino junto a los creyentes de otras iglesias y con todas aquellas personas que, fieles a su religión y a sus convicciones, luchan por un mundo donde sea posible una vida plena y justa para todos.Independientemente de la situación de vida y de la procedencia cultural y religiosa nos consideramos socios y socias con los mismos derechos.

Lineas de trabajo

De acuerdo con nuestra misión, nuestras opciones, tareas y actitudes fundamentales, nos atenemos a las siguientes líneas de trabajo:

Buscamos la cooperación con organizaciones del pueblo y con las iglesias.

No buscamos posiciones de poder en las iglesias locales ni en las organizaciones cooperantes; nos ceñimos a un uso modesto de finanzas y del ejercicio de tareas de dirección y nos retiramos de compromisos que pueden ser asumidos por personas locales.

Preferimos fomentar y acompañar con paciencia iniciativas de base antes de levantar obras y construcciones.

Buscamos evaluar periódicamente nuestras actividades y actitudes también con los cooperantes locales.

Creamos estructuras de organización y de dirección que tengan siempre en cuenta tanto a la persona en su individualidad como también un desarrollo claro y transparente de tareas y procesos.

Damos importancia en todos los niveles a un liderazgo que sea atento a los problemas actuales y que proceda con claridad y transparencia. Creamos condiciones para hacer participar en lo posible a todas las personas implicadas en los procesos de planificación y de decisión.

Intentamos solucionar conflictos y diferencias de opinión en un espírtu sincero y honesto y en diálogo directo entre las personas involucradas.

Respetamos las limitacioes de nuestros recursos humanos y materiales. No debemos y no podemos realizar todo lo que nos parezca importante. Aceptamos tales limitaciones con tranquilidad y serenidad, sabiendo que muchas otras instituciones o movimientos se fundamentan en ideales parecidas.

Epílogo

 La misión es antes de nada el obrar de Dios en este mundo. Siempre hay que reconocer que Dios viene actuando antes de llegar nosotros. Este hecho le exige a nuestro actuar una disponibilidad básica de oídos, de ojos, de corazones y de manos abiertos y nos brinda la seguridad de que no todo depende de nosotros mismos. Lo más importante se nos es regalado: alegria, esperanza, confianza y perseverancia. Nos atenemos a la visión del Reino de Dios que se acerca.